Durante años, en el mundo profesional —y especialmente en posiciones de liderazgo— hemos convivido con una creencia profundamente arraigada:
mostrar vulnerabilidad es sinónimo de debilidad.
Nos han enseñado que un buen profesional debe tener todas las respuestas, no mostrar dudas, controlar sus emociones y “poder con todo”. El problema es que este modelo no solo es irreal, sino que además nos empuja directamente al agotamiento, la desconexión y, en muchos casos, al burnout.
Brené Brown, investigadora y referente mundial en el estudio del coraje, la vulnerabilidad y la vergüenza, plantea justo lo contrario:
La vulnerabilidad no es debilidad.
Es la señal más precisa del coraje.
Entonces… ¿qué es realmente la vulnerabilidad?
Según Brené Brown, la vulnerabilidad es incertidumbre, riesgo emocional y exposición.
Es hablar cuando no tenemos garantías.
Es reconocer que no lo sabemos todo.
Es pedir ayuda.
Es poner límites.
Es tener conversaciones difíciles.
Es mostrarnos humanos.
De aquí se desprende una idea clave para las organizaciones:
No hay innovación, confianza, creatividad ni liderazgo real sin vulnerabilidad.
Cuando evitamos la vulnerabilidad, también evitamos:
- El feedback honesto
- Las conversaciones necesarias
- La conexión auténtica
- El aprendizaje profundo
- El crecimiento sostenible
El riesgo del “coraje blindado”
Muchas personas intentan ejercer el coraje desde la armadura:
- “Yo puedo solo/a”
- “No voy a mostrar que esto me afecta”
- “Si digo que no llego, pensarán que no valgo”
- “Un líder no duda”
Este tipo de coraje forzado tiene un coste muy alto: desgaste emocional, hiperexigencia y desconexión.
A corto plazo puede parecer eficaz, pero a medio y largo plazo es uno de los grandes factores de riesgo del burnout.
El coraje del que habla Brené Brown es distinto:
es el coraje de mostrarse tal como uno es, sin garantías de resultado.
Vulnerabilidad y entornos de trabajo saludables
En Burnout Reset Hub trabajamos con una idea muy clara: los entornos que no permiten la vulnerabilidad son entornos de alto riesgo psicosocial.
Cuando no se puede decir:
- “No puedo más”
- “Necesito apoyo”
- “Esto no es sostenible”
- “Me he equivocado”
- “No estoy bien”
Las personas se callan, se adaptan en exceso, se sobreexigen y se desconectan de sí mismas.
Y ahí empieza el camino hacia el burnout.
La vulnerabilidad, bien entendida, no es desbordarse ni compartirlo todo, sino crear espacios psicológicamente seguros donde lo humano tenga lugar.
¿Cómo poner la vulnerabilidad en acción en el día a día?
La vulnerabilidad no puede quedarse en un discurso inspirador; necesita convertirse en una práctica cotidiana, individual y colectiva.
1. Normaliza el “no lo sé”
Especialmente en roles de liderazgo, decir “no tengo la respuesta todavía” abre la puerta a la colaboración, reduce la presión interna y genera confianza.
👉 Práctica: sustituye el “debería saberlo” por “vamos a pensarlo juntos”.
2. Pide ayuda antes de estar al límite
Esperar a estar desbordado/a para pedir ayuda no es fortaleza, es supervivencia. La vulnerabilidad aparece cuando pedimos apoyo a tiempo.
👉 Práctica: identifica una persona de confianza y acuerda señales tempranas para pedir ayuda.
3. Pon límites visibles
Decir que no, priorizar o renegociar expectativas también es vulnerabilidad, porque implica el riesgo de no gustar o decepcionar.
👉 Práctica: antes de aceptar algo nuevo, pregúntate:
¿es sostenible para mí ahora mismo?
4. Ten conversaciones incómodas, no silencios largos
Evitar conversaciones difíciles parece más seguro, pero a largo plazo genera tensión, desgaste y malestar emocional.
👉 Práctica: prepara la conversación desde la honestidad, no desde la perfección.
5. Lidera desde el ejemplo (si lideras personas)
Cuando un/a líder reconoce errores, muestra dudas o habla de límites, da permiso al equipo para hacer lo mismo.
👉 Práctica: comparte errores y aprendizajes, no solo resultados y logros.
Vulnerabilidad como antídoto contra el burnout
La vulnerabilidad no es el problema.
El problema es vivir y trabajar como si no fuéramos vulnerables.
Integrarla en nuestra forma de trabajar y liderar no nos hace más débiles:
nos hace más humanos, más sostenibles y, paradójicamente, más eficaces.
En BRH creemos que prevenir el burnout pasa también por revisar los modelos de fortaleza que hemos normalizado y atrevernos a construir culturas donde el coraje no esté reñido con el cuidado.
Porque no, no hay coraje sin vulnerabilidad.
Y sí, la vulnerabilidad bien acompañada es una de las mayores fuentes de salud, conexión y resiliencia real.
¿Quieres dar espacio a la vulnerabilidad en tu vida o en tus equipos?
Contáctanos y descubre cómo podemos acompañarte en este proceso.